Cals Frares

Entre los documentos más antiguos de la casa, conocida antiguamente como Ca l’Arnó, está el testamento, de 1235, de pere de Arnó (el nombre anterior al actual), agricultor de la parroquia de Sant Feliu de Cabrera. Ca Arnó integraba la cuadra o grupo de casas del vecindario de Agell que en el siglo XII se protegían entre ellas alrededor de la capilla de Santa Elena. El formaban ca Arnó, Can Mayol de Munt, la casa de Aymerich, can Sagrera y Can Puig y mas abajo, can Mora, can Sala, can Basora, can Carbonellet, can Pujol y ca n’Orriols de Agell.

De convento camaldulense a granja de empresarios chocolateros

En 1687, fray Juan Bonet era el procurador del convento de los camaldulenses (monjes benedictinos de tendencia eremítica), que entonces ocupaban el mas Arnó, propiedad de la Comunidad de Ntra.. ª. del Carmen, según dejó escrito el monje. A raíz de la desamortización de mediados del siglo XIX, cales Frailes, como ya se conocía la masía, fue adquirido por unos particulares (el escudo de la puerta principal incluye el año 1843 y el nombre “Jaime Gallemí”) y, poco después , pasó a ser propiedad de la familia Almendro, fabricantes de chocolate de Barcelona, que la usaban de granja de la torre Almendro, que construyeron cerca. La familia Ribosa Dellá actuales propietarios herederos de Pedro Ribosa Carbonell y Felipa Dellá Torres, proceden de Can Moreu (can Nan o hay Smoking), de donde pasaron a locales Frailes en calidad de caseros. Al estallar la Guerra Civil escondieron durante unos días la dueña Teresa Almendro, a quien un comando de incontrolados buscaba después de quemar la iglesia de santa Elena. Terminada la guerra, Teresa Almendro fue obligada por el régimen franquista a hacer donación de la Torre Ametller al Frente de Juventudes, como compensación por haber recibido ayuda para huir a Italia en 1936. La dueña también se quiso desprenderse de cales Frailes, y enseguida llegó a un acuerdo de compra / venta con el abuelo casero pere Ribosa Carbonell, que estaba interesado.

Una construcción de categoria

La masia actual presenta elementos constructivos del siglo XVI y componentes arquitectónicos renacentistas, barroco y neoclásico. En la fachada destacan la puerta principal, dovelada en granito, y el montón, el escudo central antes mencionado, con la fecha de 1843 y el nombre, añadido posteriormente a la corona, de “Teresa Almendro”. Flanquean la puerta un piedra, a la izquierda, y un cavalgador a la derecha, junto también destaca el magnífico trabajo de forja en la reja de la ventana. Son igualmente interesantes el lavadero y el pozo, así como los comederos de madera del establo, en la parte posterior de la casa. Otros elementos destacables son los arcos diafragma de la planta baja y piso, la cercha de la buhardilla, la escala a la catalana y los pavimentos, así como la portada de acceso al recinto, que conserva la era ante la casa. Un cactus singular, de nueve metros de altura y que ha seguido un crecimiento en forma de candelabro, redondea el conjunto dotándolo de un gran interés estético y paisajístico.

Un restaurante casi museo

Testigos de la categoría del mas lo son las puertas de las cámaras en el interior, de piedra granítica, de finales del siglo VII, la misma época de las arcadas de la bodega, de obra vista. Pese a que los actuales propietarios ya no vieron hacer vino, se conservan, al fondo de la bodega, los lagares y el acceso por donde entraban las portadoras. Una preciosa prensa de madera, con la fecha inscrita de 1802, se completa con toda una hilera de barricas sobre su trono. También llaman la atención un lavamanos de granito, con azulejos y cantonera vidriada en el fregadero, y la colección de utensilios de época que, colgados en la pared de la bodega, el visitante puede admirar.